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20-7-18, jornada 15:  Roma –Civitavecchia.

¡Toque de “diana” a las cinco de la mañana! El último día en territorio italiano, hay que  apurar las horas.  A las 5:45 en recepción con las maletas hechas a recoger el “pic-nic” de desayuno. ¡Horror! ¡No hay café!  A las 6:00 conseguimos uno en una cafetería estratégicamente ubicada, esquina aparada de autobuses y boca de metro. Ya con energías y decididos nos encaminamos al Vaticano. Espera en la calle a la Guía de CityWonders contratada desde España por internet para realizar el Tour Express (entrada a las 7:15 de la mañana) Nos colocaron un dispositivo con auriculares a cada uno y nos daban las explicaciones en inglés.  La entrada es válida para todo el día y comprende la visita ala Capilla Sixtina, los 14 museos, las estancias de Rafael y la basílica. Nos insistieron en que el recorrido era en una sola dirección, que se podía pasar todo el día de visita  (restaurantes, bares, aseos, tiendas de souvenirs…) y que una vez que saliéramos a visitar la Basílica ya no podíamos retornar.  Es impresionante, grande y llamativas las colecciones de diferentes tipos de arte. Lo que más nos llamó la atención fue el “Laoconte” en escultura. En la Capilla Sixtina, los frescos;en la Basílica, “La Piedad”  y la tumba de San Pedro. 
Las visitas oficiales comienzan a las 9:00, y a partir de esa hora es agobiante el recorrido por la cantidad de visitantes.  Acabamos la visita sobre las 10:30 y desayunamos de nuevo. La temperatura asfixiante. Ducha de nuevo en el Hotel y salida. Tráfico denso, mucho calor, los ventiladores de la moto a tope. Conseguimos salir de Roma.
En menos de una hora en Civitavecchia, zona portuaria. Como hacía mucho calor y el embarque estaba programado para las 22:00, decidimos llevar pantalones cortos debajo de la ropa de moto y zapatillas a mano. Así que a la hora de comer creamos tendencia: “top Fashion”, pantalón corto y botas de moto. 
Logramos encontrar la zona de embarque tras varias vueltas y preguntas. Aquí las indicaciones en carteles son escasas y malas. Paseo, café a la orilla del mar y a las 21:00 nos vestimos de nuevo con la ropa de moto. De nuevo preguntando encontramos el muelle de embarque (estaba al lado nuestro, pero el acceso no estaba indicado para variar) Anochecido, con mala iluminación, accedimos a la cola ya de noche. He aquí que no dejaban embarcar a los “paquetes” de las motos con los pilotos; así que María tuvo que subir sola al ferry hora y media antes. Los pilotos estuvimos hasta las 24:00 en la cola de embarque. ¡Eso era un follón! Operarios por todos lados contradiciéndose unos a otros. En el mismo ferry embarcábamos pasajeros para la isla de Cerdeña y los de Barcelona. Estábamos mezclados, los ocupantes de los vehículos de cuatro ruedas no podían subir a la bodega; la gente no seguía las instrucciones… Al final las diez, doce motos (muchas menos que en los viajes al norte) embarcamos las últimas junto con los autobuses. 
En Recepción multitud de pasajeros quejándose por la tardanza o la mala situación de los camarotes.   Eso sí, a las 12:15, zarpamos de puerto.
Mañana día de barco hasta España, atracaremos de noche en Barcelona y dormiremos en Castelldefels.













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