17-7-18, jornada 12: Padua – Florencia.
¡Bien! Desayuno a las 7:00, suculento y con espléndidas vistas en el piso 12. A menos cinco estábamos en la entrada los primeros.
Motos preparadas y arrancamos. ¡Aaghh! Lunes, hora punta para ir a trabajar, “cantieri” por doquier (obras). Nos costó salir de Padua y César buscó rutas menos transitadas. Calor, mucho tráfico y malos conductores italianos. A Paloma le sacó de una rotonda una conductora que quería salir desde el interior de la misma hacia la derecha; a pesar de que Paloma había indicado desde el principio su intención de ir girando en la rotonda hacia la izquierda e ir por la parte exterior de la misma. Paloma para a la derecha sobre un charco; recalcula y decide seguir hasta la próxima rotonda para regresar. Al salir la moto patina, da dos bandazos y logra enderezarla sin caerse. Mientras, César en otra salida más adelante, escuchando los improperios por el intercomunicador de los cascos; Toño y María de ángeles protectores siempre detrás de Paloma. ¡Estos italianos! Las líneas continuas están para adelantar, los ciclistas (que lo invaden todo) para que los sobrepasen a ras y los límites de velocidad de adorno, excepto para los múltiples radares de 50 km/h en las poblaciones.
Seguimos ruta de población en población; tráfico denso y estresante. En el programa de César pasábamos por Ferrara. De nuevo “cantieri” y desviaciones de la entrada a la ciudad. Aparcamos en el centro de la misma, en sitio poco propicio, tras dar varias vueltas por zona restringida al tráfico. Sin separarnos de las motos, tomamos unas fotos de la hazaña y salimos de la ciudad. De nuevo en ruta con tráfico, por lo que en una de las paradas decidimos tomar la autostrada hacia Firenze. La conducción mejora un poco y sin darnos cuenta, nos adentramos en la Toscana, cruzando Los Apeninos a través de largos túneles. Velocidad de crucero 120- 130 km/h y nublado. Esto es otra cosa.
Logramos encontrar el Hotel Fortezza sobre las 14:30 sin comer. Edificación antigua reformada, habitaciones con una cama más ancha que larga, pero sin ningún tipo de facilidades para tomar algo.
Comimos un Paninni en un Bar(Bar Ole) que nos recomendaron y tras breve descanso salimos a pié por la parte antigua de la ciudad. Llegamos al Duomo (cerrado), Baptisterio, laTorre, el Ponte Vechio…. Abarrotado de turistas. A pesar de las altas temperaturas se agradecía el aire que hacía. Se nos hizo tarde y cenamos de nuevo a lo español, diez de la noche, en La Piazza del Mercado con un “Moscatto”. Tarde hacia el Hotel dejamos el blog para hoy.






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